esposas y cuernos

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miércoles, 17 de diciembre de 2014

APORTES REALES

 Les acerco una historia de cachos que protagonicé hace casi  tres décadas, (ni celular, ni PC, otra era, recordarán)
Mi novia de esos tiempos era Silvia, bonita castaña de ojos verdes, muy inteligente y activa. Pese a lo buena que estaba, yo había sido su único macho hasta bien entrados sus veinte, yo picoteaba otras hembritas en mi barrio, ella era "la oficial". Para ser breves, ella descubrió uno de esos escapes míos  estuvimos separados tres, cuatro meses. El reencuentro fue emotivo y apasionado, pero el final del polvo tuvo un broche inesperado: había estado con otro tipo, y la había pasado muy bien... en verdad fueron dos (por separado), y hasta uno le había tomado fotos. "Bueno-pensé.la recibí virgen y la  reencuentro medio puta, no está malo el negocio".
 Pero a las dos semanas empezaron los problemas; me pedía tal o cuál posición, que por qué no duraba más, que quería más marcha... uno de los machos, un tal Marcelo, no solo estaba bien equipado, también follaba de maravillas. Al final tanto lo encomió que terminé diciéndole que siguiera haciéndolo con él, hasta que nos casáramos. Dudó un poco, se hizo la asombrada, pero al final agradeció, estaba encantada. Yo tranquilo, ya que el tipo tenía novia...  así seguimos, yo recorrí el  sabroso derrotero de la cornamenta, a veces la ayudaba a prepararse para él. a veces la recibía de sus brazos bien "cargadita" (no usaban condón), era lo máximo. Así seguimos más de un  año, yo con mi matagatos y él con su Itaka bombeando a la bella Silvia, sin encontrarnos ni buscarnos.
Pero el diablo metió la cola; una noche la encuentro extraña, arisca, y al final me confiesa (más o menos así fue el diálogo)
-  Marcelo se casa
-  Bueno, estarás preparándole la despedida de soltero, imagino...
- (indignada) No jodás... se casa con ella
- Bueno, ya se acomodará para seguir atendiéndote, amor
- No entendés nada, la quiere a ella, la prefiere...
- Eso lo sabías, mi amor..
- Callate, sos un idiota.
Y me dejó, nomás, así como les cuento.
Varios años después, ya casado (y cornudo nuevamente) nos encontramos de casualidad, y volvimos a coger, estuvo bueno; eso sí, ninguno volvió a mentar al tal Marcelo. Nunca más nos volvimos a ver, ella se fue a Canadá, según creo.
En posteriores cuernos, aprendí la lección y “firmé” acuerdos antes. Bah, los cuernos los iba tener igual, era cuestión de gozarlos, pero con garantías…

 Veterano en cuernos

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